Los mitos de la virginidad

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Llevamos muchos siglos arrastrando los mitos de la virginidad. Y afectan de forma negativa especialmente a las mujeres. Es hora ya de librarnos de las viejas creencias que nos hacen valorar a los cuerpos como objetos que se “estrenan” u objetos “usados”.

Los mitos de la virginidad

Demasiadas vidas e historias giran en torno a la virginidad. Su significado además, puede variar según la cultura, la época o el lugar. Se puede considerar tanto como un símbolo de orgullo como algo un poco vergonzoso. El cuerpo de la mujer, siempre a examen. Haga lo que haga siempre será objeto de juicios.

Pero, ¿qué es exactamente la virginidad? ¿Cual es la verdadera dimensión de lo que significa “ser virgen”? Según la definición de la RAE una persona virgen, es aquella que no ha tenido relaciones sexuales.  Sin embargo, a nivel social, la virginidad se restringe a la penetración vaginal. Es decir, un hombre y una mujer se consideran vírgenes, cuando jamás han realizado un coito vaginal.

El efectuar este sesgo en el significado de la virginidad, lleva tanto a hombres como mujeres a mantener relaciones sexuales de otras formas. Recurren a la masturbación, el sexo oral o anal para, de algún modo, mantenerse vírgenes. Esto ocurre en lugares donde existen ciertas prohibiciones religiosas o culturales, que exigen a la pareja que lleguen al matrimonio “intactos”. De esta forma, los jóvenes, con mucha picardía y bastante hipocresía, mantienen la norma y a la vez se la saltan.

La  verdad sobre el himen

Otra cosa sorprendente respecto a los mitos de la virginidad, es que popularmente se piensa que hay forma de comprobar si una mujer lo es o no. Sin embargo en el caso de los hombres, hay que confiar en su palabra y en su honestidad.  Aunque tampoco importa demasiado ya que por norma general en la mayoría de culturas, es la virginidad femenina la que está bajo el punto de mira. Y en realidad no hay forma de saber si una mujer es o no virgen. Veamos por qué esto es así.

El orificio que existe en la membrana del himen, puede tener formas y tamaños diferentes en cada mujer. Varía y cambia con la edad e incluso puede regenerarse. Un par de semanas después de haberse roto el himen puede curarse y quedar perfectamente recuperado. Por lo tanto, una mujer que haya mantenido una relación sexual con penetración, puede tener un himen intacto.

Otro de los mitos de la virginidad más comunes es el del sangrado en la primera vez. El himen es una membrana que durante la infancia es más gruesa y con el paso de los años se va desgastando. En la adolescencia será más espeso sin embargo se va retrayendo hasta el punto de llegar a desaparecer. Por eso la edad puede ser un factor que determine el sangrado y el dolor en su primera penetración. Sin embargo, en muchas mujeres ni siquiera ocurre esa rotura puesto que la membrana se ha convertido en algo mínimo.

La primera vez

Es cierto que a veces hay algo de sangre y ciertas molestias, pero suele deberse al estrés y la tensión del momento. Si la chica tiene miedo a sufrir dolor, los propios nervios harán que la vagina se contraiga. Además, la lubricación no será la adecuada y todo esto, unido a la inexperiencia puede ocasionar una penetración dolorosa. Cuando esto ocurre, la fricción contra los tejidos vaginales, es molesta y pueden ocasionar alguna pequeña hemorragia.

Las expectativas acerca de la primera vez también forman parte de los mitos de la virginidad.  Es verdad que la primera vez tiene un lugar especial en nuestra memoria. La recordamos con añoranza, rememorando la inocencia de un tiempo en el que aún no llevábamos tantas heridas en el corazón. Incluso la torpeza de aquellos momentos nos llena de nostalgia. Pero tampoco hay que exagerar ni darle una importancia fuera de serie a esa primera vez.  De hecho es frecuente que sea algo bastante desastroso e incluso decepcionante, casi como la primera vez que montamos en bici y perdemos el equilibrio.  Lo importante es hacerlo con alguien en quien confíes y con quien haya un vínculo bonito de cariño. Pero lo que está claro es que  las mejores experiencias llegan más tarde, cuando uno ha alcanzado una mayor madurez sexual.

Virginidad y violencia sexual

Está claro que el concepto de virginidad es una construcción social abstracta, que nada tiene que ver con una realidad médica o biológica. Es una creación que surge en sociedades que consideran a la mujer como una mercancía, una propiedad o una máquina reproductora de hijos. Se basa en estereotipos que valoran positivamente a la mujer en función de su pureza virginal y denigran a aquellas que hacen uso de sus propios cuerpos de forma libre y autónoma. Es por lo tanto un viejo concepto utilizado para controlar la sexualidad de la mujer.

En algunos países y culturas la presión sobre este tema es aún demasiado brutal. Se continúa sometiendo a jóvenes a pruebas humillantes para comprobar el estado de sus vaginas. Amnistía Internacional denuncia esta práctica, que supone un fuerte trauma para estas chicas.  Aprovechando esta machista forma de violencia sexual, han surgido oportunistas que venden reconstrucciones del himen. Y no solo en países del tercer mundo. En zonas de nivel socio económico más desarrollado también existen clínicas de estética que ofrecen himenoplastias a un módico precio. Así las mujeres pueden ofrecer a su hombre el honor de romper un himen.

Pero repetimos que el himen o la virginidad no es una realidad médica, sino un constructo social profundamente misógino y machista. La mujer no “pierde” nada cuando decide mantener su primera relación sexual. El concepto de virginidad además es heteronormativo y coitocéntrico, ya que promueve la falsa idea de que el coito vaginal es la forma de sexualidad estándar.

La sexualidad es mucho más saludable si se vive libre de clichés y desde la igualdad. Hombres y mujeres somos seres vivos con las mismas necesidades vitales. Por  eso la tienda de Framacia Sexual está pensada para el placer de ambos ¡Visítala!

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