Infidelidad y monogamia, ¿las dos caras de una moneda?

infidelidad y monogamia: ¿las dos caras de una misma moneda?

¿Son infidelidad y monogamia parte de un mismo problema? ¿Existirían infidelidad y monogamia si se aboliera la segunda? Según una encuesta sobre la tendencia al adulterio de la población en España realizada en 2014,  el 35% de los hombres y el 26% de las mujeres habían sido infieles a sus parejas al menos una vez.  ¿Será que es algo inherente al ser humano? Según la ciencia, efectivamente, así es. Helen Fisher es una bióloga y antropóloga que dedicó más de 30 años al estudio del amor romántico. Analizó sus parámetros y su funcionamiento desde una perspectiva puramente científica. Los resultados revelaron que todo está causado por una serie de procesos químicos que tienen lugar en el cerebro.

Infidelidad y monogamia: la culpa es de la oxitocina

Cuando una pareja se encuentra en la etapa del amor más apasionado, sus niveles de oxitocina son elevados. Especialmente porque la frecuencia en la relaciones sexuales suele ser alta. Pero pasados unos tres o cuatro años, la cosa se calma y se pasa a una fase más tranquila de relaciones más espaciadas. Si se cae en el aburrimiento y la desmotivación, la oxitocina descenderá y como el cerebro lo que quiere es mantener los niveles adecuados, comenzará a provocar interés sexual en terceras personas. Por lo tanto, al ser esta búsqueda una reacción biológica natural, puede afirmarse que  infidelidad y monogamia están relacionadas.

En realidad hay muy pocas especies animales monógamas. Un porcentaje de aves, y algunos mamíferos entre los que se incluirían algunos primates. Pero hasta esto habría que matizarlo, ya que los biólogos diferencian claramente dos tipos de comportamientos: la monogamia social y la monogamia sexual. La más común es la primera y tiene un sentido evolutivo que facilita el cuidado de las crías. La segunda, apenas existe. O sea que hasta las románticas cigüeñas se ponen los cuernos.

Entonces, ¿cuál es el objetivo de la monogamia?

Se cuenta que en los mejores tiempos del matriarcado, a ningún miembro del clan le importaba quién fuese su padre. A menos que el parecido físico resultase evidente, era difícil saberlo. La práctica de la poligamia y el amor libre era lo común. Pronto, nuestros antepasados descubrieron que la genética no es partidaria de las relaciones endogámicas y se instauró el tabú del incesto. A partir de entonces las tribus comenzaron a organizar reuniones para intercambiar miembros y establecer matrimonios. Todo esto ocurría en medio de un ambiente festivo, protagonizado por rituales de fecundidad y bacanales que se prolongaban días y días. De esta forma se aseguraban la renovación de la sangre, y los niños concebidos nacían sanos y sin taras.

Según los historiadores, en aquellos tiempos, la monogamia se utilizaba, de hecho, como forma de castigo. Se empleaba contra quienes quebrantaban el tabú del incesto. A la pareja que violaba esta norma, se la encerraba a su propio hogar. El rechazo social, les condenaba a no tener a nadie más que el uno al otro. De esta manera infidelidad y monogamia eran, de hecho cuestiones opuestas.

Siguió transcurriendo el tiempo y los hombres comenzaron a acumular riquezas materiales, que deseaban dejar en herencia en el momento de su muerte. Y aquí se presentó el problema. Necesitaban saber exactamente cuales eran los hijos de su sangre. Para asegurarse, se obligó a las mujeres a practicar la monogamia, se creó todo un mito de virtud en torno a la virginidad femenina, y se creó la institución de la familia. Así infidelidad y monogamia se atribuyeron al hombre y la mujer, respectivamente.

¿Se opone la idea de fidelidad a nuestra naturaleza?

Las investigaciones sobre el tema son numerosas. Infidelidad y monogamia están muy vinculadas.  Las cifras conseguidas por el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) dicen que hasta un 20% de los españoles han mantenido alguna relación fuera del matrimonio. La tasa de divorcios, por adulterio u otros motivos, es de 61% y las cifras son similares en otros países europeos. Datos que parecen indicar que el sistema está fallando.

La monogamia es una opción que no se puede imponer institucional, moral o socialmente, como ocurre hoy día. Las parejas deben ser libres, para reflexionar si es una alternativa que va a funcionar con ellos. Porque hay que reconocer que hay personas que no están hechas para ser fieles. De ahí la relación entre infidelidad y monogamia. para otras, en cambio, la fidelidad es básica. El problema de la infidelidad y monogamia es que suele acarrear mentiras y traición. La exclusividad sexual se da por sentado como algo propio de la relación, es lo que se considera normal. La persona adúltera tiende al engaño por miedo al rechazo, porque sus pulsiones y sus necesidades, son consideradas socialmente inmorales.

¿Dónde está el límite?

El tema de la infidelidad y monogamia presenta otro problema. Resulta que es muy difícil establecer un límite. De hecho puede variar mucho de una a otra pareja, por eso, al comenzar una relación, conviene dejar los conceptos lo más claros posible.

Estos comportamientos, sí son más o menos admisibles, y no se consideran infidelidad:

  • Tener fantasías con otra persona
  • Fijarse en el cuerpo de alguien atractivo y admirar sus atributos físicos
  • Tener sueños eróticos con alguien conocido
  • Flirtear de forma inocente, como diversión

Por otra parte, estas actitudes, sí se consideran adulterio y traición:

  • Hacerle regalos ostentosos a una persona con la que hay cierto feeling
  • Besar a otra persona
  • Obviamente, acostarse con alguien que no es tu pareja, independientemente de las prácticas sexuales que se realicen.

Hay gente que incluso se ofende si su pareja se masturba o piensa en otras personas durante el sexo. Porque además la monogamia y en especial el amor romántico, suele traer consigo una emoción tan dañina y destructiva como son los celos.

La poligamia como solución

Más encuestas: se estima que hasta el 5% de los ciudadanos estadounidenses mantienen una relación sentimental no-monógama. Es decir, en estas parejas, el sexo extramatrimonial está explícitamente permitido.  Por lo tanto, el concepto de infidelidad, se elimina.Se definen como poliamorosas, o parejas liberales. Las personas que adoptan este tipo de relaciones pueden vivir, sin conflictos ni represiones, su naturaleza erótica, sin tener que recurrir a la clandestinidad y el engaño. Sin embargo están transgrediendo una institución que lleva siglos imponiendo una pautas morales, que la mayoría hemos interiorizado sin cuestionarnos. Y esto provoca reacciones negativas.

Pero aún conociendo los pros y los contras de ambos planteamientos de pareja, hemos de reconocer que la poligamia no es para todos. Lo bueno es que es una opción que es cada vez más visible, lo que permite que la gente que no se identifica con la idea monógama, pueda encontrar más fácilmente a una pareja afín.

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