El mito del empotrador

el mito del empotrador

La figura del empotrador levanta pasiones. Al fin y al cabo es sexo un instinto primario y a veces a una mujer le gusta sentir el poderío del “macho alfa”. Pero, ¿qué es exactamente un empotrador? Es un hombre con un fuerte poder de seducción, muy seguro de si mismo, intenso, pasional y capaz de dar placer del bueno a una mujer.  Ese que, durante el día le abre la puerta del coche a tu madre y por la noche te empotra contra la pared y te quita las bragas con urgencia.

Ojo, esto no tiene nada que ver con ser un machista dominante. Ni con comportarse con chulería con las mujeres. Un empotrador puede ser romántico y detallista  y a la vez susurrar guarradas al oído de su pareja, sin ser irrespetuoso. Es un arte. Una forma de ser. ¿Se puede aprender? Por intentarlo, que no quede. Estas son algunas características que debe tener el mítico empotrador.

Poder de seducción

La seducción tiene mucho de genética. Es una capacidad que utilizamos ya desde bebés con nuestros padres para conseguir sus atenciones. Depende también del temperamento de cada uno y de la capacidad de observación del otro. Según los psicólogos existen hasta nueve tipos de personalidades seductoras.

  • Afrodita. Más común en las mujeres. Le gusta desprender sensualidad y busca protección y seguridad. La persona seducida por el temperamento afrodítico siente afianzada su imagen de hombre poderoso a nivel sexual. Para seducir a afrodita hay que ofrecerle optimismo, risas, seguridad y lealtad.
  • El vividor. Busca a personas sensibles y empáticas con tendencia a la inseguridad, ya que tiene ciertos problemas de autoestima. Ofrece pasión a raudales y busca la admiración de su pareja.  Para conquistarle hay que halagarle y ayudarle a gestionar sus emociones. 
  • El rescatador. Es como el ángel de la guarda que intenta solucionar los problemas de los demás. Necesita cuidar y ayudar generosamente. Tienden a buscar personas con baja autoestima y de vidas y emociones caóticas, para poder salvarles y así sentirse indispensables. Se les seduce valorando su ayuda y estimulándoles para que se dediquen tiempo a ellos mismos.
  • El cautivador.  Carismático, con facilidad de palabra y muy alegre. Tienen mucha empatía y buscan a personas muy rectas y autoexigentes para darles una dosis de positivismo.  Para robarle el corazón hay que mostrarse feliz y no criticar a los demás.
  • El artista. Romántico y creativo, busca impactar con su genialidad a personas que se muestren sensibles a la belleza y al arte. Necesita sentirse especial y diferente. Se le conquista valorando su capacidad idealista y su autenticidad.
  • El intelectual. Es una gran fuente de estímulos intelectuales. Es solitario e introvertido y muy selectivos en sus conquistas. La única forma de seducirles es respetando su espacio y no atosigarle con exigencias de tipo emocional. 
  • El divo. Cuida mucho la estética ya que le gusta mostrarse siempre perfecto. Busca llamar la atención e insinuarse de forma sutil y elegante. Le seducen aquellos que le ayudan a valorar la belleza de lo imperfecto y a relajarse un poco consigo mismo.
  • El encantador.  Es la paz y la tranquilidad en persona. Un oasis en medio de este mundo loco y acelerado. Le gusta ofrecer calma y apoyo y detesta discutir. Se le conquista ofreciéndoles planes cómodos y tranquilos.
  • El líder. Este tipo de personalidad tiene mucho carisma. Es enérgico y seguro de si mismo. Le motiva tener el control de su propio espacio y de su entorno.  Busca a alguien capaz de dejar en sus manos toda responsabilidad y decisión.

Dominio de la palabra

El empotrador sabe utilizar el lenguaje para excitarte. No le da pudor comunicarse abiertamente y expresar sus necesidades. Te desea aquí y ahora, y así lo dice. Sabe elegir el momento y el modo de hacerlo. Conocer a una chica y decirle “te quiero comer el potorro”, no es de empotrador, es de acosador. Las palabras tienen que ir acompañadas de un contexto adecuado en el que se esté trabajando la seducción. Esto significa que cuida también su imagen personal y controla su lenguaje no verbal. Sostiene la mirada sin miedo y sonríe y se mueve con seguridad.

Alcohol en su justa medida

El empotrador no se emborracha, ni emborracha a la mujer que desea. Sabe que beber demasiado puede afectar a su rendimiento sexual, y quiere estar en pleno rendimiento. Porque el sexo cuando se hace, se hace bien, no de cualquier manera. Beberá una copa para animarse sin perder su claridad mental. Porque además el empotrador sabe leer entre líneas, interpretar miradas, gestos y sonrisas. Y esto no se puede conseguir con la mente turbia de alcohol.

No le tiene miedo a los juguetes

Un empotrador tiene una mente abierta y no siente su virilidad amenazada por un vibrador de 30cm. Es más, le gusta y sabrá como incluirlo en la relación sexual para aumentar la diversión. Sabe ser salvaje en el sexo, imprevisible, brutal incluso, pero siempre está pendiente del placer de su amante. No se ciñen al coito y usan con pericia las manos y la boca.

Cosas que jamás haría un empotrador

  • Besar mal. No vale meter la lengua en la boca hasta el fondo, o liarse a lametazos como un perro, ni dejar la lengua muerta durante el beso.
  • Romper la ropa de su amante mientras se la quita. En las películas no importa porque es atrezzo pero en la vida real puede ser una prenda a la que su dueña le tenga aprecio. Una cosa es que salte un botón de la camisa y otra muy distinta rajar unas braguitas de seda y encaje de 30€.
  • Hacer daño (a menos que tu pareja te lo pida expresamente) Potencia, pero con control. El único dolor que se espera es un ligero escozor de entrepierna y agujetas en todo el cuerpo el día después.
  • Mendigar anal o sexo sin condón. Si la noche no termina en fracaso, desde luego es difícil que repitas.

Ser un empotrador, es básicamente, tener seguridad en uno mismo, conocer el cuerpo de la mujer y ser generoso a la hora de dar placer.

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