Frecuencia sexual: cuál es la tuya

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El sexo es considerado en nuestra sociedad uno de los aspectos más importantes en una relación de pareja. Su práctica influye en el bienestar de ambos, pero quizás nos centramos demasiado en la frecuencia sexual.

Los beneficios de practicar sexo

Mantener relaciones sexuales, ya sea con una pareja estable como con una esporádica, aporta innumerables beneficios físicos y psíquicos. Es una necesidad biológica que tenemos los humanos que va más allá de la reproducción.

El sexo nos produce un inmenso placer, y puesto que la naturaleza humana es hedonista, sentimos el deseo de practicarlo. La frecuencia sexual varía de unas personas a otras, e incluso entre parejas. En cualquier caso, no hay una norma establecida sobre lo que se considera correcto.

Practicar sexo nos permite mejorar nuestro estado emocional, así como otros beneficios en el plano físico. Un aspecto importante que debemos tener en cuenta es que para beneficiarnos del mismo, no tiene que tratarse de sexo con amor. Es más, aunque la unión de ambos produce un placer aún mayor, amor y sexo son dos cosas totalmente diferentes.

En el caso de las parejas, además de los beneficios al organismo, como la reducción del estrés o el fortalecimiento del sistema inmunológico, se fortalecen los lazos de unión y la conexión entre ambos miembros.

El amor o la química entre quienes participen en las relaciones sexuales puede potenciar los efectos de estas. Además, sentirnos amados mejora nuestra autoestima. Sin embargo, sentirse amados, o deseados, no siempre parece suficiente. Así, nuestra sociedad da una gran importancia a la frecuencia sexual, tanto dentro de una pareja como en la soltería.

Es posible tener una alta frecuencia sexual y que el sexo sea de calidad. No obstante, el interés se centra más en los números que en esta última. Esta obsesión puede crear malestar, especialmente en quienes tienen dificultades para relacionarse con los demás o no gozan de demasiado éxito.

Asimismo, es una pareja, la búsqueda de una frecuencia sexual determinada puede poner presión en ambos, afectando a la calidad.

¿Existe una frecuencia sexual recomendada?

Cuando hacemos algo por cumplir con unas expectativas y no porque realmente nos apetezca, la calidad y los beneficios comienzan a descender. Esto es lo que sucede cuando mantenemos relaciones sexuales por decir que lo hemos hecho y no debido al deseo.

Si hablamos de una pareja, la relación debería fluir de manera natural, y así sucedería también con el sexo. Debe existir confianza suficiente para tratar el tema si uno de los dos no está conforme con la frecuencia sexual.

No obstante, los estudios demuestran que no hay relación entre una mayor frecuencia sexual y la felicidad o la salud de la pareja. Según la investigación de la Society for Personality and Social Psychology, las relaciones de éxito no tienen por qué ser las de mayor frecuencia sexual.

Parece ser que practicar sexo una vez a la semana es suficiente para que una relación funcione. Además, con esta frecuencia sexual es posible obtener todos sus beneficios. Como dice el dicho, a veces menos es más.

Por otra parte, aumentar la frecuencia sexual no equivale tampoco a obtener mayores beneficios. De igual modo, tampoco supone una diferencia significativa en el bienestar de la pareja. Sabiendo esto, convendría invertir tiempo en fortalecer otros aspectos de la relación.

Si tenemos problemas con nuestra pareja, queda claro que aumentar la frecuencia sexual no es la solución. Por lo menos, si somos conscientes de esto, reduciremos la tensión y la ansiedad por la vida sexual.

El tiempo que se dedica a otras actividades en pareja también contribuye con la satisfacción general de esta. La frecuencia sexual, mientras lleguemos al mínimo de una vez por semana, no es el eje central de la relación.

La frecuencia sexual por edades

Cuando hablamos de frecuencia sexual, es probable que nos venga a la cabeza la idea de: ¿y no dependerá de la edad? Dependiendo de nuestro ritmo de vida y del tiempo del que dispongamos, una o dos veces por semana puede ser, o bien realista o quizás algo insuficiente.

Si tenemos en cuenta también la edad y/o la influencia de las hormonas, la frecuencia sexual puede variar. No obstante, que los estudios demuestren que una vez por semana es suficiente, no significa que esa sea la frecuencia sexual que se tiene.

Parece ser que para las parejas veinteañeras, la frecuencia sexual que reina es cada dos o tres días. Cuando superamos los 30 años y hasta los 50, época en la que pasamos una gran cantidad de tiempo en el trabajo, la frecuencia sexual se reduce a un par de veces semanales. Pasada esa edad, y adentrándonos en la tercera edad, la media es de menos de una vez por semana.

Estos datos representan una media. Habrá quienes tengan una frecuencia sexual superior y quienes la tengan por debajo. Las comparaciones son odiosas, así que si nuestras cifras nos funcionan, no tenemos por qué cambiarlas.

La frecuencia sexual cuando no se tiene pareja

Hemos hablado mucho de la vida en pareja pero, ¿qué pasa cuando no se tiene? ¿Hay también una frecuencia sexual que sea beneficiosa?

La respuesta es no exactamente. La masturbación también tiene muchas ventajas y beneficios sobre nuestro cuerpo y nuestro cerebro. Sin embargo, hay ciertas diferencias con la práctica del sexo con otras personas.

No hay además una cifra establecida como normal o correcta sobre la masturbación. Es más, cada persona se masturba con una frecuencia diferente según el momento de su vida. Y también, por otra parte, podemos masturbarnos cuando tenemos pareja, ya que lo uno no sustituye a lo otro.

La frecuencia sexual, así como las prácticas sexuales, son algo que concierne a cada persona o a cada pareja. Si bien pueden servirnos como referencia, no conviene obsesionarse con el tema; la calidad es más importante que la cantidad.

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