Disforia postcoital: qué es, síntomas y causas

disforia postcoital
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Esa ligera melancolía que sucede, en ocasiones, al orgasmo se conoce como disforia postcoital. Es ese sentimiento de tristeza que sobreviene tras haber mantenido un acto sexual. Llega incluso después de un encuentro pasional, maravilloso y satisfactorio, como una sensación de vacío similar a la depresión. La sufren tanto hombres como mujeres, aunque las estadísticas apuntan que es más frecuente en ellas. Según un estudio que se publicó en el International Journal of Sexual Health en el año 2004, hasta un 10% de mujeres padecen este síndrome.

La disforia postcoital no es una patología moderna. Ha existido siempre y se ha documentado. Es un sentimiento bastante común en todos los seres humanos provocado por causas psicológicas y biológicas. De hecho existe una expresión de la antigua cultura latina que dice: “Post coitum omne animal triste est” lo que viene a significar que “después del coito, todo animal está triste”. Pensadores célebres como Aristóteles, Nietzsche o el filósofo neerlandés Spinoza también la sufrieron y atribuían este fenómeno al gasto de “fuerza vital”, entre otras causas.

Síntomas de la disforia postcoital

Richard Friedman es un célebre psiquiatra estadounidense especialista en el área de depresión. Este experto afirma que este tipo de casos son cada vez más frecuentes en las consultas de psicólogos, psiquiatras y sexólogos.

Esta breve depresión postcoital se manifiesta como un estado poco profundo de ánimo bajo justo al finalizar la relación sexual. Los sentimientos más comunes son irritabilidad, inquietud, ansiedad, arrepentimiento o tristeza. Esto dependerá de las circunstancias personales de cada individuo y de su forma de vivir la sexualidad.  Los síntomas pueden durar desde unos segundos o minutos hasta un día o dos después del sexo.

Causas de la disforia postcoital

Los expertos no han encontrado una causa biológica o física específica y concreta que pueda explicar la aparición de la disforia postcoital. Pero sí que se han elaborado varias hipótesis que arrojan ciertas pistas sobre este fenómeno.

1.Causas hormonales. Podría tratarse de una respuesta motivada por la fluctuación hormonal que ocurre durante la relación sexual. El orgasmo es un proceso complejo que involucra a muchas partes de nuestro cuerpo pero, sobre todo, al cerebro. Durante el clímax, el organismo comienza a liberar dopamina, un neurotransmisor que estimula la producción de oxitocina. Esta hormona está vinculada con la sensación de placer, los refuerzos positivos y la creación de vínculos afectivos. Tras el orgasmo, el cuerpo compensa esta tormenta hormonal liberando prolactina, que es la responsable de bajar la libido y proporcionar el efecto de la saciedad sexual, lo que provocaría ese pequeño bajón de ánimo pasajero.

2.Causas neurológicas. El psiquiatra Richard Friedman nos propone otra posible causa relacionada con la anatomía de nuestro cerebro. Durante el sexo y el orgasmo la amígdala deja de funcionar. Esta parte del cerebro controla las emociones más básicas e intensas del ser humano, como el miedo o la ansiedad. Por lo tanto durante una relación sexual todo lo demás “desaparece” y nos abstraemos del mundo y de los problemas y preocupaciones de nuestra vida cotidiana. Teniendo en cuenta esto, la disforia postcoital podría entenderse como un efecto secundario del regreso a una realidad que puede ser más o menos dura. Siempre duele cuando la magia se acaba y hemos de volver a poner los pies en el suelo.

3.Causas psicológicas. Un psiquiatra británico llamado Anthony Stone apuntó que algunas personas sufren disforia poscoital a causa de una fuerte sensación de falta de propósito tras el clímax. Antes de la relación sexual tiene lugar un proceso de seducción con una finalidad clara. Una vez alcanzada la meta, queda una sensación de vacío. Otros expertos señalan que cuando la pareja tiene problemas, tras culminar el encuentro físico perciben que la satisfacción sexual  y la emocional están descompensadas, lo que provoca sentimientos de pesadumbre.

4.Causas religiosas. Haber sido educado recibiendo mensajes de censura que prohíben o limitan la práctica sexual no es algo de lo que sea fácil desprenderse. El concepto que cada individuo tienen del sexo, fruto de la educación o los valores religiosos, condiciona fuertemente las relaciones En muchos casos el propio placer sexual puede provocar un intenso remordimiento, sintiendo la persona que ha actuado mal, aún a pesar de haber disfrutado. Este cúmulo de sentimientos contradictorios llegan a provocar otros problemas como disfunción eréctil o dificultad para alcanzar el orgasmo.

5.Traumas emocionales. Cuando alguien tiene una historia de abusos sexuales, es habitual sentir rechazo por las relaciones íntimas e incluso el simple contacto físico. Es algo que tiene que trabajar el paciente con un buen terapeuta para poder recuperar su vida y su autoestima.

Científicos del Instituto de Tecnología de Queensland, Australia, publicaron en el año 2015 un estudio que revelaba que una de cada tres mujeres padece cierto grado de disforia postcoital independientemente del nivel de satisfacción conseguido durante la relación sexual. En este estudio participaron unas 230 mujeres de edades comprendidas entre los 18 años y los 55. Un 2% del total afirmó sentir esa tristeza tras haber mantenido una relación sexual. Un 5% aseguró haberla padecido el mes previo al estudio. Y hasta el 46% confirmaba haber experimentado esta disforia al menos una vez en su vida.

Esto refleja que excepto en casos concretos, no debe considerarse como una patología, ni es algo que deba resultar problemático en la pareja. Es algo bastante común que simplemente se debe aceptar, recordando que es pasajero. Si sus síntomas y efectos se prolongasen demasiado en el tiempo, sí se aconseja consultar con un profesional que valore nuestro caso particular y prescriba el tratamiento correspondiente.

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