Eyaculación femenina, ¿de verdad existe?

eyaculación femenina
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Ríos de tinta han corrido sobre la eyaculación femenina. ¿Es un mito o es realidad? Ciertamente, existe, aunque ese trata de un fenómeno un poco complicado de alcanzar para muchas mujeres, ya que requiere de una estimulación muy concreta. En muchos casos, al no estar demasiado difundida, las mujeres que la experimentan se creen que se han orinado en la cama y se avergüenzan de ello. De hecho, hasta hace poco, ni siquiera la comunidad médica lo tenía demasiado claro.

¿Qué es la eyaculación femenina?

A partir del año 2000, los investigadores comenzaron a sugerir que el líquido expulsado por la mujer durante su orgasmo, se genera en las glándulas de Skene también conocida como próstata femenina. Se encuentran en la pared anterior de la vagina, junto a otra zona mítica: el punto G. Estas glándulas, al ser estimuladas segregan un fluido que se expulsa a través de la uretra, provocando el famoso ‘squirt’. Es una secreción compuesta de suero sanguíneo que contiene enzimas, proteínas, creatinina, sodio, glucosa, fructosa y algunas trazas de orina.

Las encuestas reflejan que alrededor de un 10 y 54% de las mujeres experimentan una eyaculación en mayor o menor grado, durante la excitación sexual y el orgasmo. Lo curioso de este fenómeno es que no tiene ninguna función biológica por lo que el motivo de su existencia sigue sin quedar claro. Hay investigadores que proponen la hipótesis de que la eyaculación femenina tiene un propósito de adaptación evolutiva. Es decir, al igual que los varones tienen pezones, aunque no les vayan a servir para amamantar bebés, las mujeres poseen la capacidad de eyacular como mecanismo reproductivo. También puede darse como manera de prevenir infecciones urinarias tras el coito, ya que probablemente ayude a eliminar bacterias y a limpiar los conductos.

¿Todas las mujeres pueden?

La eyaculación femenina no es algo genérico a todas las mujeres. Muchas tienen estas glándulas más pequeñas o menos desarrolladas por lo que no se puede provocar la reacción eyaculatoria. La manera adecuada de conseguirlo, es mediante la estimulación a través del punto G, que es esa pequeña protuberancia rugosa ubicada a unos 5cm en la cara anterior de la vagina. Al proporcionar fricción y presión sobre esta zona, ya sea con los dedos, con la penetración masculina o con algún juguete sexual, la mujer tendrá una sensación similar a la de querer orinar.  Esa es la sensación previa a la eyaculación.  Como el líquido resultante se expulsa por la uretra y su llegada se siente igual que la de la orina, muchas mujeres bloquean el proceso de manera automática, pero es en ese instante cuando hay que dejarse ir para experimentar la eyaculación. Algunos estudios proponen la idea de que todas las mujeres eyaculan al alcanzar el orgasmo, pero en vez de dejar que el fluido se libere por la uretra, se retrae de nuevo hacia la vejiga, al tensarse la musculatura de la zona. Por lo tanto, la diferencia estribaría en que unas mujeres eyaculan fuera de su cuerpo y otras lo hacen hacia adentro.

Como cada cuerpo es diferente, hay mujeres cuyas glándulas responden muy rápidamente a la estimulación, otras necesitan más tiempo y presión y las hay que no pueden eyacular. Algunas no pueden evitar el ’squirt’ y otras pueden controlarlo y llegar al orgasmo sin la eyaculación.

La manera de expulsar el líquido y la cantidad también son muy variables. Hay mujeres que expulsan un chorro con gran potencia (las favoritas en el cine porno), otras lo hacen como una cascada o con sutiles flujos consecutivos.

Vamos a intentarlo

Como hemos dicho, la clave se encuentra en el punto G, que es una zona directamente conectada con la uretra. Es por eso que al presionar sobre este área se produce esa especie de deseo de orinar. No cabe duda de que el hecho de estimular el punto G, puede afectar a las glándulas de Skene si, como hemos dicho, están suficientemente desarrolladas. Para comenzar, hay que encontrar una postura que permita una fricción adecuada. El hombre ha de procurar que la presión incida sobre el punto G mientras a la vez, uno de los dos, estimula el clítoris. Al notar que el orgasmo se acerca, la mujer tiene que presionar hacia fuera con la musculatura pélvica y no hacia dentro, como de manera natural se suele hacer. Es decir, hay que empujar en vez de retener.

En muchos casos, las mujer no está habituada a estimular su punto G, por lo que convendría trabajarlo con algo de regularidad para ‘activarlo’, aprender a sentirlo y hacerlo sensible al tacto.

Existen juguetes sexuales especialmente ideados para estimular el punto G, con una curvatura específica para hacer presión justo en esa zona.

Aquellas  mujeres que se sientan más cómodas y relajadas experimentando a solas, pueden realizar este ejercicio práctico:

  • Ve al baño y orina hasta que tu vejiga quede vacía.
  • Colócate en cuclillas o sentada en una silla con las piernas separadas y la pelvis inclinada hacia adelante.
  • Utiliza un lubricante, ya que se trata de un ejercicio de exploración y probablemente no estés excitada.
  • Introduce un dedo en tu vagina curvándolo hacia la pared frontal de tu interior. Palpa con suavidad hasta que encuentras una pequeña zona rugosa.
  • Una vez ahí, roza, presiona, mueve, acaricia, y concéntrate en las sensaciones que experimentas. Notarás cierta urgencia de orinar, pero no lo retengas, al contrario, empújalo hacia afuera.
  • Notarás un líquido tibio y transparente, puede ser unas gotas o puede ser más.

Como hemos dicho,  no todas las mujeres tienen la misma facilidad para experimentar esta eyaculación, así que no hay que desalentarse si las primeras veces no se consigue lo que esperaba. La constitución anatómica de cada mujer puede hacerlo más o menos difícil, pero teniendo paciencia, todas, salvo excepciones, pueden llegar a eyacular.

En el sexo y en la vida, la práctica hace al maestro. Así que sigue intentándolo. O no, tú decides.

 

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