Prácticas sexuales y culturas del mundo

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La forma en que practicamos sexo o nuestra percepción de las relaciones sexuales guarda relación con nuestra cultura. En Occidente, tenemos una visión monógama, coitocéntrica y heterosexual, marcada aún por los tabúes religiosos. Sin embargo, en otras partes del mundo encontramos prácticas sexuales muy diferentes a la nuestra.

Las prácticas sexuales en nuestra cultura

Nuestra visión de las relaciones sexuales está condicionada por la cultura y la sociedad en la que vivimos. Así, en nuestro sistema capitalista, priman las relaciones heterosexuales, monógamas y con el falo como eje central.

Así, la sexualidad de la mujer, e incluso su anatomía, ha quedado relegada a un segundo plano. En la educación sexual que recibimos, no aprendemos nada sobre la vulva y sus múltiples variedades, o sobre el clítoris; ese pequeño órgano cuya única función es la de dar placer.

Tampoco damos importancia a los preliminares ni al juego de la seducción, sino que vivimos orientados al coito y a la búsqueda del orgasmo como fin único. Las zonas erógenas tampoco salen ganando, y tanto el punto G en la mujer como el punto P en el hombre siguen siendo regiones misteriosas.

La masturbación no tiene buena fama cuando se practica teniendo pareja, y aunque las mujeres son quienes más utilizan los juguetes eróticos, no suelen hablar de ella abiertamente como sí hacen ellos.

En cuanto a las prácticas homosexuales, todavía seguimos influenciados por la represión católica. La homosexualidad se considera una enfermedad y el sexo anal una práctica de sumisión que no es apta para machos heterosexuales, pues supondría una pérdida de su virilidad.

La parte buena es que, a diferencia de otras culturas, tenemos libertad para elegir a nuestras parejas. No obstante, sí mantenemos una visión romántica de las relaciones que nos presiona para encontrar una pareja estable con la que formar una familia.

Gracias a herramientas como Internet, tenemos un mayor acceso a la información y podemos intercambiar opiniones con personas de todo el mundo. De esta forma, hemos logrado cuestionarnos muchas de nuestras prácticas sexuales y desarrollar así una nueva visión de estas.

Costumbres sexuales en el mundo

En función de la cultura que tenga cada país y de su religión, la sexualidad será entendida de una manera diferente. Algunas sociedades o tribus son más liberales en lo que al sexo se refiere, mientras que otras son más represivas y consideran el sexo algo sucio.

En esta ocasión conoceremos a dos sociedades cuyas prácticas sexuales estaban centradas en el disfrute con independencia del parentesco o del tipo de relación existente. Aunque sí tenían otro tipo de limitaciones dentro de su cultura, el sexo era concebido como algo natural que no estaba ligado a tabúes de ninguna clase.

Canto a los genitales en Hawai

Las prácticas sexuales de la sociedad hawaina antigua diferían bastante de la nuestra. Alejada de la influencia de Occidente y de la religión judeocristiana, vivía la sexualidad sin sentimientos de culpa o vergüenza.

Aunque durante años vivieron bajo el sistema kapu, que incluía una serie de reglas y restricciones que afectaban no solo a las relaciones entre hombres y mujeres sino también a aspectos como la comida, su sexualidad gozaba de mayor libertad.

Para esta sociedad, el concepto de matrimonio no existía, y se aceptaba socialmente el contacto genital o sexual entre personas que no mantuviesen ningún tipo de relación. Además, el desnudo no tenía una connotación sexual y hombres y mujeres practicaban deportes juntos sin ropa.

Los genitales eran considerados sagrados y se les trataba con respeto. Así, la ropa no era utilizada para cubrir los genitales por pudor sino como forma de protección. Se creía que tenían un poder espiritual y por ello eran incluidos en muchos cantos e historias de la tradición.

Las felaciones eran practicadas a los niños para garantizar una buena salud y un coito satisfactorio. A las niñas se les rociaba la vulva con aceite y se introducía leche materna en la vagina. Además, los labios menores y el clítoris se estiraban para que aumentasen de tamaño.

En cuanto a la educación sexual, tanto niños como niñas observarían a los adultos mantener relaciones sexuales para aprender de ellos. Estas lecciones eran así tanto teóricas como prácticas, e incluían también la observación de otras especies.

Sexualidad igualitaria en las islas Trobiand

La sociedad Trobiand, en Papúa Nueva Guinea, se caracteriza por ser matrilineal, por lo que el sistema de descendencia es definido en base a la línea materna. Muestran una gran tolerancia con el sexo y las relaciones prematrimoniales y extramatrimoniales están aceptadas.

Sienten rechazo hacia la piel blanca y el cabello rubio, por considerarlo un signo de fealdad y de desaliño. Esto significa que no se relacionan con quienes no pertenecen a su cultura, ya que valoran la línea genética y sus costumbres.

La virginidad no carece de valor y el embarazo no guarda relación con el sexo. El hombre ayuda a la mujer a abrirse, pero no es considerado padre, ya que la descendencia proviene de un espíritu o Baloma. Sin embargo, los maridos se implican en el cuidado de los/as hijos/as.

La prácticas sexuales son vistas como una fuerza cultural y sociológica, y no tanto como una relación entre dos personas. El sexo no es únicamente una fuente de placer sino algo sagrado. Por este motivo, niños y niñas gozan de una gran libertad que se extiende al plano sexual.

Antes del matrimonio, hombre y mujer mantienen relaciones durante un período largo de tiempo, como prueba de su compromiso y de su compatibilidad. No existe la fidelidad, por lo que las relaciones con otras personas son también aceptadas.

Por el contrario, cuando una mujer y un hombre están a punto de casarse, no pueden compartir una comida juntos, ya que se desestabilizaría el sentido de la propiedad. La violencia es rechazada también y, durante el acto sexual, el hombre no puede eyacular hasta que la mujer ha alcanzado su primer orgasmo.

Como podemos observar, nuestra sociedad, a pesar de estar avanzada en algunos aspectos, tiene todavía mucho que aprender acerca de la sexualidad. Nunca es tarde para modificar nuestras prácticas sexuales y abrir a otras más liberadoras y, dicho sea de paso, placenteras.

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