Sexualidad compartida: guía sobre la mujer

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Nuestra sociedad actual tiene un problema de comunicación, en particular en el ámbito de la sexualidad compartida. Ellas buscan la perfección impuesta y ellos cargan la presión de responder de acuerdo a las expectativas. Pero, ¿tenemos el valor de expresar lo que sentimos? ¿Sabemos comunicar lo que deseamos?

La sexualidad compartida es cosa de dos

Hombres y mujeres viven la sexualidad a su manera. Aunque, en general, funcionamos de forma similar, el cerebro femenino y el masculino tienen algunas diferencias. Ellos son mucho más visuales, mientras que ellas utilizan otros recursos como las fantasías o las imágenes mentales.

En este artículo nos centraremos en las claves para comprender la sexualidad femenina. Próximamente hablaremos de la masculina. Puesto que la sexualidad compartida es cosa de dos, ya es hora de que nos entendamos.

El cerebro y las caricias como base

Las mujeres no son más complicadas que los hombres, como se acostumbra a pensar. Lo que sucede es que su cerebro tiene un funcionamiento diferente. Para despertar el interés sexual, o más bien permitir que el deseo sexual aumente, la mujer necesita desconectar ciertas áreas de su cerebro.

Si queremos que los impulsos del sistema nervioso permitan el orgasmo, la amígdala debe dejar de trabajar. Ésta se encarga de las emociones y está detrás de la ansiedad que sentimos o el estrés. Si está activada, no permitirá que el deseo fluya.

Esto nos da una idea para saber qué momentos pueden ser adecuados para intentar crear un clima íntimo o cuáles requieren de otro tipo de respuesta. Puesto que las mujeres necesitan expresarse en mayor medida, verbalizar los problemas puede ser una forma de soltar la tensión que cargamos.

Por otra parte, para despertar el interés de una mujer no basta con desnudarse y ponerse delante de ella. Una conversación interesante, escuchar o reír son buenas formas para comenzar a seducir a una mujer. No importa si se trata de nuestra pareja, su cerebro sigue funcionando de la misma manera.

Precisamente dar las cosas por sentado o guiarse por lo que ya sabemos que funciona es un camino seguro para terminar con una relación. Los detalles son algo que debemos cuidar siempre. Además, la conquista o el juego de la seducción pueden ser muy divertidos.

Es por estos motivos que los preliminares son fundamentales para las mujeres. Si llegamos con prisas, tenemos todas las papeletas para fracasar. Debemos dedicar tiempo a las caricias, a las palabras y disfrutar del momento.

Además, las mujeres tienden a usar también su imaginación, incluso durante el coito. Así, puede parecer a veces que entran en un trance debido a que dejan volar sus pensamientos, entrelazándolos con las sensaciones.

El clítoris como eje central

El clítoris es un órgano que pertenece al aparato genital femenino. Es un cuerpo carnoso de pequeño tamaño que se sitúa en la vulva, concretamente en su parte superior. Está formado por tejido eréctil, nervios y músculo.

Puesto que cuando aprendemos anatomía en el colegio no se suele prestar atención al clítoris, este órgano es un gran desconocido, incluso para las propias mujeres. Su descubrimiento en la infancia o en la pubertad viene cargado de sorpresas. En ningún sitio enseñan que su única función es la de dar placer a sus dueñas.

La parte externa es una glándula que está cubierta por un capuchón. Es extremadamente sensible y si lo tocamos cuando no hay excitación, puede resultar molesto. Su tamaño completo llega a alcanzar los 12 cm de longitud.

Su parte interna, las raíces y los bulbos, conectan con la vagina, de ahí que la estimulación del punto G sea placentera. Las terminaciones nerviosas están conectadas entre sí. Hasta aquí todo está bien. El problema surge cuando otra persona intenta proporcionar placer acariciando el clítoris.

Al tratarse de un gran desconocido, y de que los gustos varían en cada mujer, realizar el cunnilingus correctamente requiere de práctica. Un truco consiste en dibujar con la lengua las letras a, b y c. Así aseguramos que haya variedad en los movimientos.

El ritmo también es importante. Si se empieza con demasiada brusquedad o intensidad, resultará incómodo, y si besamos o jugamos con la lengua de forma muy suave, la excitación no aumentará. Es importante chupar no sólo el clítoris, sino también los labios menores e, incluso, podemos introducir la lengua en la vagina.

A medida que aumente la excitación y el deseo, debemos aumentar el ritmo siguiendo los movimientos de cadera. En este punto también resulta placentero introducir dos dedos en la vagina. Puedes ayudarte o utilizar de complemento las balas vibradoras.

Este juguete erótico da mucho juego y puedes utilizarlo de distintas formas. Ya que la sexualidad compartida es cosa de dos, puedes preguntar a tu pareja qué es lo que prefiere.

Sexo vaginal y anal

El sexo vaginal no requiere de mayor explicación. No obstante, cabe decir que la mayoría de las mujeres necesitan simultáneamente estimulación clitoriana; antes y durante la penetración. Lograr el orgasmo únicamente por la vía vaginal no está al alcance de todas las mujeres, aunque el cine porno nos haya dicho lo contrario.

En cuanto al sexo anal, debemos saber que el ano en la mujer es igual al del hombre. ¿Qué significa esto? Pues que no es una vagina y que no tiene lubricación por sí mismo. Además, que la mujer sea penetrada por la vía vaginal no equivale a que sienta placer por la anal o a que tenga mayor predisposición.

La clave en la sexualidad compartida es la comunicación. Si nuestra pareja no quiere, no debemos insistir. Y en el caso de querer probar, podemos comenzar utilizando plugs u otros juguetes que nos ayuden a dilatar la zona o que nos sirvan de toma de contacto.

Experimentar y no tener miedo a preguntar es la mejor forma de aprender a dar placer a nuestra pareja. Al mismo tiempo, la masturbación en solitario es una gran aliada para descubrir qué es lo que nos gusta y así poder expresarlo mejor en compañía.

No debemos tener miedo a comunicarnos. Los beneficios que obtendremos al hacerlo son muchos y vendrán en forma de más placer y orgasmos satisfactorios.

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