BDSM, el placer de dominar y ser dominado

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El BDSM hace referencia a un conjunto de conductas sexuales que incluyen actividades como ataduras y mordazas, azotes o asunción de roles de dominación y sumisión, siempre con unas normas previamente consensuadas por los participantes. Jugar no sólo es cosa de niños. ¿Te atreves a probar?

En la actualidad, gracias al cine y a la literatura de masas, actividades como el BDSM están dejando de ser tabú o de considerarse como anomalías o parafilias. La incorporación de novedades que puedan aportar distintas sensaciones durante el sexo, suelen generar interés y curiosidad. Cualquier práctica erótica consentida es válida para explorar los límites de nuestro cuerpo. Pero, ¿qué significan estas siglas?

El nombre BDSM hace referencia a los términos  Bondage y Disciplina, Dominación y Sumisión,  Sadismo y Masoquismo. Realmente no es una moda nueva, aunque este vocablo sí lo sea. Esta abreviatura se creó para diferenciar esta práctica del sadomasoquismo y comenzar a entenderla libre del desprestigio casi patológico de aquel. Y es que el BDSM es mucho más amplio, abarcando un gran abanico de juegos pensados para estimular todos los sentidos. Aunque la práctica sexual, convencional o no, sea un acto íntimo, el BDSM ha llegado a considerarse como una subcultura. La intención es visibilizar formas alternativas de sexualidad en un rechazo activo de lo tradicional y alcanzar el placer desde otras vías. El sexo se convierte de este modo en un ritual compuesto de códigos y en un espectáculo estético inquietante y turbador.

¿En qué consiste exactamente el BDSM?

Uno de los protocolos imprescindibles es el SSC, que es el acrónimo de Safe, Sane and Consensual (seguro, sano y consensuado). Así, todos los encuentros BDSM se establecen sobre una base pactada y  siempre se deben respetar los límites que la otra persona haya marcado.

En cuanto a las prácticas sexuales más comunes, éstas suelen incluir juguetes como cuerdas, cintas para amarrar, muñequeras y tobilleras, collares, correas y otros elementos de inmovilización. El fetichismo también es muy recurrente, ya que al ser principalmente un juego de roles, el uso de disfraces o ciertos atuendos ayudan a los participantes a interpretar su papel. Se pueden introducir algunos elementos de castigo como cera derretida, fustas, látigos o la propia mano que azota.

Hay que aclarar que el objetivo del BDSM no es infligir dolor. Se trata de una prueba de confianza y abandono del propio cuerpo a los deseos ajenos. La persona sumisa anhela complacer a su amo y la persona dominante quiere tener el control absoluto.

Un momento fundamental de cualquier práctica BDSM es el “after care”. Nada de llegar al orgasmo y ponerse a dormir. Las emociones de la persona sumisa tras la sesión pueden ser muy intensas. Hay que dedicarle un rato de ternura para ayudarle volver a la realidad.

¿Qué puede aportar la práctica del BDSM?

Quizá te resulte chocante la idea de que una práctica que hace uso de látigos, máscaras y mordazas pueda tener algún tipo de beneficio positivo. Lo cierto es que incorporar novedades en nuestra vida sexual nos va a permitir tener un mayor conocimiento de nuestro cuerpo. Si vivimos en una relación monógama que ha caído en la rutina, puede aportar esa chispa tan necesaria. Y sobretodo, para practicar BDSM hay que abrir la mente y dejar los prejuicios a un lado, lo cual ya supone de por si, un ejercicio mental muy interesante.  Pero además te puede ayudar a trabajar y mejorar ciertos aspectos de la pareja.

  1. Comunicación

La palabra de seguridad es muy importante para saber cuando detener el juego, pero aún lo es más el lenguaje no verbal. En las parejas que practican BDSM la comunicación se vuelve perfecta ya que ambos deben aprender a leer las reacciones del otro. Precisamente la entrega y la confianza del sumiso depende de la capacidad de la persona dominante para entender qué necesita en cada momento.

  1. Compenetración

Las personas que comparten relaciones BDSM desarrollan un espacio emocional basado en la confianza absoluta. Además es un juego en el que ambos irán aprendiendo, experimentando y evolucionando, tanto en un rol como en el otro.

  1. Complicidad

A veces las prácticas de BDSM pueden ser un poco extremas y acarrear ciertos riesgos. Piensa que se debe hacer un fuerte ejercicio de confianza para dejar que alguien te inmovilice de pies y manos y te vende los ojos para azotarte el trasero con una fusta. La sensación de intimidad cómplice es, en estos casos, mucho más intensa que en el sexo tradicional.

  1. Salud

El BDSM está lejos de considerarse una perversión o una enfermedad mental. Y mucho menos es una apología de la agresión sexual o la violencia. En 2013 se publicó un estudio donde se mostró que las personas que practican BDSM presentan unos niveles menores de cortisona (relacionada con el estrés). Desde el punto de vista psicológico, el informe revelaba que presentan más seguridad en las relaciones interpersonales, mayor capacidad para aceptar otros puntos de vista y mejor disposición para afrontar situaciones de rechazo. Está comprobado que expresar la sexualidad con libertad, hace que la salud mental se sienta beneficiada.

Me gustaría probar, ¿por dónde empiezo?

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Puedes comenzar utilizando unas esposas  y añadir algún otro elemento erótico como una pala para dar cachetes en las nalgas a tu pareja. Existen kits de juguetes idóneos para parejas que sientan curiosidad por probar. A partir de ahí, podéis ir subiendo la intensidad. Lo importante es desarrollar la imaginación. Las cuerdas también son una opción muy interesante ya que las ataduras de “bondage” cumplen una función estética e incluso artística que se conoce como “shibari”. Los nudos y las cuerdas se distribuyen estratégicamente por el cuerpo, rozando algunas zonas y dejando otras accesibles para la persona dominante.

Los roles se pueden intercambiar. Tal vez en tu vida cotidiana seas una persona con tendencia autoritaria y te resulte excitante cambiar esa personalidad por un momento. O puede que seas alguien tímido y descubras una nueva faceta de ti en tu papel de dominante.

El sexo y la vida ofrece muchas posibilidades y caminos para explorar. Solo hay que atreverse.

 

 

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